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  • Alessia Ramponi

¿POR QUÉ NO CELEBRAMOS EL DÍA DE LA MUJER?



Parece que el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es un día para festejar el hecho de ser mujeres, como si fuera una especie de premio de consolación por una decisión que no tomamos, pero que evidentemente nos pone en desventaja. En realidad, este día no se celebra, sino que se conmemora y nos recuerda la lucha que vivimos las mujeres todos los días por encontrar el lugar que nos corresponde en el mundo. El 8 de marzo nos habla de una necesidad de lucha constante y es un día para llamar la atención de la vulnerabilidad que implica ser mujer en México.


La violencia contra las mujeres es un fenómeno que se relaciona con las desigualdades económicas y los patrones socioculturales vinculados con normas, valores y roles. Un tema que nos recuerda que este día es una lucha, y no una celebración, es la alarmante cifra de feminicidios y violencia en contra de las mujeres. Tan solo en lo que va del año se han registrado 122 feminicidios y se estima que en promedio 10 mujeres son asesinadas por día en México. Aunque las cifras oficiales crecen todos los días, preocupa la cifra negra de mujeres que no denuncian agresiones, así como homicidios no calificados como feminicidios que, si se tuvieran en cuenta, darían una dimensión mayor de la problemática. Por si fuera poco, la pandemia ha intensificado la visibilidad de la violencia ya que las condiciones de confinamiento han pronunciado las desigualdades de género.


Basta con analizar las cifras para entender por qué México se ha convertido uno de los países más peligrosos para vivir siendo mujer. La irrefrenable escalada de la violencia contra las mujeres en México se ha salido de control y demuestra que todavía no existen las medidas adecuadas para la protección de las mexicanas. En consecuencia, las marchas y protestas tienen el objetico de visibilizar la indispensabilidad de la población femenina, así como exigir soluciones a la ola de feminicidios, violencia y abusos contra las mujeres en espacios públicos y privados. La discusión no gira en torno a si nos consideramos feministas o no, sino en dejar la indiferencia de lado y defender la vida de las mujeres cuando la realidad nos rebasa. Existen muchas maneras de entender y luchar por los derechos de las mujeres a través del respeto, empatía y tolerancia a la diversidad.


Aunque las condiciones de la mujer han mejorado en los últimos años, estos cambios no se han dado de manera espontánea, sino que han sido resultado de un esfuerzo constante tanto de hombres como mujeres por hacer este mundo un lugar más libre, seguro y justo. El contexto actual nos obliga a detenernos y reflexionar sobre la lucha por la igualdad a través de la historia. Cada vez debemos ser más los que alcemos la voz para exigir protocolos y acciones para combatir las diferentes manifestaciones de violencia contra la mujer y lograr construir una sociedad en la que podamos vivir sin miedo. Ante un sistema que nos separa, nos lastima y nos mata, es responsabilidad de todos reprobar la existencia de estructuras sistémicas que oprimen y violentan. La violencia nos afecta a todos.




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