NAGORNO KARABAJ: UNA PAZ INALCANZABLE



Durante más de treinta años, Armenia y Azerbaiyán se han enfrentado por el control de la región de Nagorno Karabaj. Aunque jurídicamente este territorio está ubicado dentro de Azerbaiyán, se considera a sí mismo independiente bajo el nombre de la República de Artsaj. Ningún país reconoce la legitimidad de esta república que en la práctica está controlada y habitada por una población en su mayoría armenia. Nagorno Karabaj es una región que lucha por sobrevivir y superar el conflicto. Sin una solución probable, los enfrentamientos armados entre las milicias armenias y azeríes por la disputa territorial son frecuentes y ambas naciones siguen inmersas en un conflicto que parece nunca terminar.


Durante la época soviética, la región de Nagorno Karabaj se colocó dentro de la República Socialista de Azerbaiyán como una región autónoma. Con el declive la Unión Soviética, las tensiones nacionalistas aumentaron y los armenios del Karabaj intentaron integrarse a la recién independizada República de Armenia sin éxito. Como resultado, Nagorno Karabaj declaró su independencia en 1991 propiciando una guerra entre Armenia y Azerbaiyán que dejaría más de 30,000 personas fallecidas. En 1994 se firmó un alto el fuego, mediado por Rusia, pero se ha incumplido en varias ocasiones, siendo el evento más grave a finales del 2020 cuando Azerbaiyán lanzó un ataque sobre la región para retomar el territorio perdido. Después de seis semanas de enfrentamientos se acordó que Azerbaiyán se quedaría con las zonas que tomó durante el reciente conflicto. Se estima que el 50% de la población de Nagorno Karabaj fue desplazada como consecuencia de los combates, la mayoría mujeres y niños, y más de seis mil personas perdieron la vida.


Desde un comienzo, el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán cuenta con elementos irredentistas y separatistas en donde la identidad etno-territorial adquiere un gran significado. Inspirados en la idea del Estado-Nación, el conflicto de odio étnico provee el terreno fértil para el desarrollo de un choque de identidad, que sin mediación y ante factores geográficos y narrativas históricas diferentes, llevaron al conflicto armado. Desde el punto de vista jurídico, Armenia exige el respeto al principio de autodeterminación de los armenios en Nagorno Karabaj, mientras que Azerbaiyán exige el estricto respecto al principio de integridad territorial. Este es un principio fundamental del derecho internacional que evoca el derecho de un Estado a preservar intacto su territorio ante cualquier intervención exterior. Ceder la región de Nagorno Karabaj supondría para el gobierno azerí la pérdida de aproximadamente del 20% de su territorio.


El conflicto de Nagorno Karabaj va más allá de la mera disputa por el territorio debido al impacto directo que tiene en la estabilidad en la región. Países vecinos han mostrado su interés en involucrarse con el fin mantener su presencia y poder en la región. Por un lado, Turquía expresa de forma abierta su apoyo diplomático a Azerbaiyán y el conflicto representa una vitrina que le permite exhibir su creciente papel estratégico en el Cáucaso. Por otro lado, a Rusia le preocupa que Azerbaiyán sea un actor clave para transportar petróleo a Europa, con ayuda de Turquía, a través de canales que la excluyan. Por esta razón, Rusia es el garante de la seguridad en Armenia y ha expresado su disposición para actuar como mediador. En 2010, promovió un acuerdo en el que se establece que, en caso de que el conflicto llegue a escalar, se permite a las fuerzas rusas moverse por territorio armenio con el fin de garantizar la seguridad en la región.


Mientras Azerbaiyán y Armenia reclaman este territorio, la gente que habita en Nagorno Karabaj vive una guerra que parece no tener fin. Las posibilidades de negociar una resolución al conflicto son bajas y las amenazas con desestabilizar la región siguen latentes. De no lograr una solución pacífica, las comunidades que habitan dentro de este territorio continuaran viviendo en una situación donde la escalada de un conflicto armado puede comenzar en cualquier momento. Para llevar una paz duradera a la región, tanto Armenia como Azerbaiyán, deberán hacer esfuerzos para solucionar el conflicto mediante el diálogo de acuerdo con el derecho internacional, garantizando los derechos humanos de los habitantes de este territorio en todo momento. Ambas naciones, destinadas a compartir fronteras, deberán encontrar mecanismos para fomentar una inevitable convivencia de manera pacífica.



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