LOS ESCLAVOS DEL COLTÁN



La República Democrática del Congo, ubicada en el corazón de África, es un país rico en recursos naturales y posee aproximadamente el 80% de las reservas mundiales de coltán. El coltán es un mineral indispensable para la fabricación de teléfonos móviles, laptops, videoconsolas y otros dispositivos electrónicos y funciona para crear componentes finos de alta fiabilidad y resistencia energética. El coltán es codiciado por las multinacionales tecnológicas que requieren de este mineral para la elaboración de sus productos, por lo que se ha convertido en uno de los minerales más cotizados. Su extracción ha generado una lucha interna en el país y se estima que al menos cinco millones de personas han muerto a causa de los conflictos derivados de la extracción del coltán en el Congo.


Diversas organizaciones de derechos humanos han denunciado la mano de obra infantil y otras formas de esclavitud en algunas minas de coltán, especialmente en zonas rurales donde grupos armados han tomado el control de las minas. Las personas trabajan en condiciones deplorables y deben cubrir largas jornadas laborales sin equipo básico de protección. Los niños se ven obligados a trabajar en las minas porque su tamaño es idóneo para extraer el mineral desde el interior. Al igual que los adultos, se enfrentan a graves complicaciones de salud debido a la inhalación de sustancias tóxicas que se han relacionado con el cáncer de pulmón. Se han registrado al menos 40,000 menores trabajando dentro de las minas cuyo trabajo principal consiste en excavar y lavar.


La guerra por el coltán no solo afecta a la población, sino que tiene un grave impacto ambiental. Los principales parques nacionales del país fueron invadidos a causa de la extracción tanto legal como ilegal del coltán. Como consecuencia de la destrucción de su hábitat natural, el 80% de los elefantes y el 90% de los gorilas del país desaparecieron. Actualmente estas especies están catalogadas en peligro crítico de extinción y la excesiva demanda de coltán podrá acabar con los últimos ejemplares. Por otra parte, pueblos enteros han quedado vacíos debido a las hambrunas y la migración hacia los territorios con yacimientos de coltán. La erosión de la tierra y los incentivos para buscar este mineral impulsan a muchos campesinos a cambiar la ganadería por la mina.


La explotación y el contrabando del coltán en el Congo se deben en gran medida a la demanda internacional de productos electrónicos. Ante la presión internacional, las empresas tecnológicas han tratado de mejorar la transparencia de su cadena de suministros y tener un mayor control dentro de las minas con las que trabajan. Sin embargo, la informalidad, el difícil acceso a las minas, la corrupción, las guerras internas y la falta de regulación de la labor minera complican este escenario. El 80% de las empresas que compran coltán desconocen la procedencia de los minerales y, ante su indiferencia, la cuestión de los recursos naturales y los derechos humanos continuará siendo un tema de importancia en el futuro. Es momento de que las multinacionales tomen responsabilidad en la extracción de los materiales con los que hacen sus productos y se aseguren de que ningún componente tenga su origen en estas minas que benefician a las mafias locales.

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