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LA GUERRA OLVIDADA EN SUDÁN

Foto: AFP/GETTY IMAGES

El pasado 15 de abril marcó un año desde el inicio de la guerra en Sudán, desencadenada por la lucha de poder entre el ejército y el grupo paramilitar conocido como las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Estos enfrentamientos, centrados en el control del territorio y las instituciones del país, han dado lugar a una grave crisis humanitaria que ha sumido a la población en un estado de desesperación. La lucha por el poder entre facciones rivales ha exacerbado las tensiones étnicas y políticas. Esto ha profundizado aún más el sufrimiento de un pueblo que ya enfrenta desafíos económicos y sociales. Sudán se debate en la penumbra de la guerra, mientras que la comunidad internacional desvía su mirada hacia otras crisis en el mundo, dejando al país sumido en el olvido y la negligencia internacional.


Sudán es un país sumido en tensiones políticas con un largo historial de ocupación, violencia y golpes de Estado. La ruptura de los partidos políticos y su incapacidad para construir consenso han allanado el camino para que el ejército intervenga con la excusa de restaurar el orden. Estos eventos tumultuosos han debilitado las instituciones estatales, exacerbado las divisiones internas, y creado un entorno propicio para el conflicto armado. La guerra actual en Sudán, precedida por dos golpes de Estado y dos intentos fallidos de golpe, es el resultado directo de esta historia de inestabilidad política y constante lucha por el poder entre el ejército y grupos paramilitares. Este conflicto ha agravado los enfrentamientos tribales, la crisis económica y la agitación social, socavando por completo los esfuerzos de la transición democrática iniciada en 2019.


Incluso antes del conflicto, Sudán enfrentaba una severa crisis humanitaria. Con la guerra actual, esta situación ha alcanzado proporciones catastróficas, generando la peor crisis de desplazados y dejando a más de 25 millones de personas con necesidad de ayuda humanitaria. Como resultado de la violencia y la inseguridad, más de 8,8 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, incluidos 4,6 millones de niños. Chad ha recibido la mayor cantidad de refugiados, seguido por Egipto y Sudán del Sur, quienes llegan con niveles críticos de desnutrición tras haber enfrentado una violencia atroz. En medio de desplazamientos masivos e informes de asesinatos en masa, el acceso a la ayuda humanitaria está severamente restringido. A pesar de la magnitud de la crisis en Sudán, con 20,3 millones de personas enfrentando inseguridad alimentaria aguda, la falta de financiamiento y atención internacional impide una respuesta efectiva por parte de la comunidad internacional.


Las guerras en el continente africano, como la de Sudán, tienden a parecer distantes, eclipsadas por conflictos más mediáticos en otras partes del mundo, como Ucrania y Gaza. Sin embargo, esto no significa que sean menos violentas o devastadoras para quienes las sufren. La complejidad de las dinámicas internas, las tensiones étnicas y los intereses geopolíticos involucrados hacen que los conflictos africanos sean menos comprensibles y accesibles para la comunidad internacional, lo que dificulta su abordaje efectivo. A diferencia de otras crisis en el mundo, Sudán no está recibiendo la atención y la ayuda humanitaria que merece. Ignorar el conflicto en Sudán, con sus consecuencias humanitarias devastadoras, no solo perpetúa el sufrimiento humano, sino que también socava los esfuerzos globales para promover la paz y la estabilidad en la región.


Ante la intensificación de los combates, la división territorial y el desinterés tanto del ejército como del grupo paramilitar FAR en llegar a un consenso, la posibilidad de llegar a un acuerdo de paz parece cada vez más lejana. En este contexto crítico, es crucial que el conflicto Sudán reciba no solo más atención y visibilidad a nivel global, sino que también se destinen fondos y recursos para abordar la crisis de manera coordinada. La persistencia del conflicto en Sudán podría desestabilizar aún más una región ya afectada por la inestabilidad, aumentando las tensiones fronterizas, promoviendo el extremismo violento y desencadenando flujos migratorios masivos. Sin la intervención y apoyo adecuados, la crisis en Sudán amenaza con extenderse más allá de sus fronteras en una región marcada por la fragilidad.

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