CULTO A LA OBESIDAD EN MAURITANIA



En algunos países del norte de África, como Mauritania, el culto a la obesidad es promovido a través de la práctica conocida como leblouh. Esta práctica consiste en forzar a las mujeres a comer con el fin de prepararlas para el matrimonio. Según las creencias locales, la mujer mauritana ideal tiene sobrepeso porque es una forma de ostentar buena salud, fertilidad, riqueza y, en caso de que quieran robarla, será más difícil debido al sobrepeso. La alimentación forzada se ha practicado durante mucho tiempo en las regiones del Sahel africano, especialmente en las comunidades árabes, pero la tradición no exime de las graves consecuencias en la salud de las mujeres.


El matrimonio infantil es la causa principal en las familias que practican la alimentación forzada. En algunas familias, las niñas menores de 12 años son obligadas a comer excesivamente para alcanzar y aparentar el cuerpo de una mujer adulta y de esta manera a atraer a su esposo. En ocasiones, incluso las envían a centros que se especializan en engordarlas para que alcancen su peso ideal. El matrimonio infantil, de la mano de esta práctica, fomentan la violencia de género y restringen a las niñas se sus derechos básicos como acceso a la educación y otras libertades fundamentales. En Mauritania, el 37% de las niñas se casan antes de cumplir 18 años.


La finalidad principal del leblouh es garantizar que las niñas consigan un buen matrimonio, pero entre los principales problemas que genera destacan el sobrepeso, trastornos digestivos, diabetes, problemas de presión arterial y trastornos alimenticios, como la bulimia. Asimismo, a menudo se enfrentan a efectos psicológicos nocivos y las pone en riesgo de sufrir complicaciones durante el embarazo y el parto. Estos problemas son agravados por los efectos secundarios del consumo de medicamentos para estimular el apetito. El leblouh no solo afecta la salud, sino también su esperanza de vida. La esperanza de vida de las mujeres mauritanas es de 67 años y su incremento en los últimos años está relacionado con la disminución de esta práctica en la región.


De igual manera, esta práctica excluye y discrimina a las mujeres que son delgadas por ser consideradas menos bellas. A las mujeres delgadas se les señala como personas hambrientas y se les atribuyen enfermedades que posiblemente no tengan, como el VIH/sida. Para evitar esto, las niñas son alimentadas a la fuerza desde los cinco años. Existen casos en que la presión social por engordar persiste, aunque las niñas no hayan sido obligadas a comer en sus familias. Las jóvenes tienden a engordan por cumplir con expectativas de la sociedad o para complacer a los hombres. La práctica de la alimentación forzada ha ido desapareciendo con el tiempo, pero sigue vigente sobre todo en las zonas rurales, donde las tradiciones y costumbres se practican de manera más estricta. Algunos reportes sugieren que 75% de las mujeres rurales han sido alimentadas a la fuerza.


La pandemia y las sequías han agravado la crisis alimentaria en el Norte de África, lo que ha impulsado los matrimonios forzados como forma de obtener la dote y otros obtener beneficios económicos en época de crisis. Esta situación sienta las bases para que prácticas que se han tratado de restringir, como el leblouh, resurjan en un contexto en donde las niñas y adolescentes son las más vulnerables. Las prácticas que descansan en tradiciones y costumbres son más difíciles de erradicar, pero mientras los criterios de belleza y riqueza se mantengan ligados al sobrepeso, el culto a la obesidad seguirá afectando el bienestar de las mujeres. Pese al desalentador panorama, promover la educación, de las niñas en particular, y sensibilizar sobre las malas consecuencias de esta práctica en la salud deberán ser prioridad del gobierno y organizaciones de derechos humanos que trabajan en la región.

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