LA TRAGEDIA KURDA

El derecho a la a autodeterminación de los pueblos es un principio básico del Derecho Internacional que establece el derecho de un pueblo a decidir sus propias formas de gobierno sin injerencias externas. Este principio surgió con el objetivo de permitir el proceso de descolonización de aquellos pueblos que se encontraban bajo el control de una potencia extranjera. Aunque se ha aplicado en diversas situaciones, casos tan complejos como Kurdistán ponen en tela de juicio la fragilidad de este principio. Los kurdos no han logrado obtener un Estado independiente y siguen luchado por preservar su identidad, e incluso su vida, en los países en los que viven.

Los kurdos son un pueblo indoeuropeo que habita en la región de Kurdistán repartida principalmente entre los territorios de Siria, Turquía, Irak e Irán. A pesar de estar divididos en diferentes territorios geográficos, los kurdos forman parte de una comunidad distintiva unida por la raza, cultura e idioma y sus demandas tanto políticas como sociales han ido variando según el territorio ocupado. Aun teniendo las características identitarias asociadas a una nación, no es reconocido oficialmente como un Estado propio y cualquier intento de crear un Estado independiente ha sido violentamente reprimido.

Los kurdos son el mayor pueblo sin Estado del mundo y su historia se caracteriza por las revoluciones y conflictos armados constantes. Un factor importante para comprender la represión kurda es la hostilidad entre Turquía y los kurdos que viven dentro del país. Turquía es enemiga de los kurdos desde que se establecieron las fronteras de la Turquía moderna en 1923. Desde entonces, las autoridades turcas han implementado medidas en contra de esta minoría étnica como la prohibición de su idioma e incluso la negación de su identidad. Como consecuencia, en 1978 se creó el Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) con el fin de reclamar la creación de un Estado independiente kurdo y hacer frente a las hostilidades en contra del pueblo kurdo. Hasta la fecha, este partido es actor clave en la lucha independentista y sus reivindicaciones afectan no solo la estabilidad interna de Turquía, sino también al sistema de alianzas de toda la región.

Por otro lado, el conflicto se ve agravado dados los recursos naturales que se encuentran en el territorio ocupado por los kurdos. Esta zona contiene una de las mayores reservas y la mayor cantidad de crudo extraído por Turquía y Siria procede de los pozos perforados en territorio kurdo. Además, Kurdistán se extiende por las cuencas de los ríos Éufrates y Tigris, fuentes altamente preciadas en países donde la escasez de agua es una preocupación constante. Por ello, la región está en la mira de un gran número países con interés de crear alianzas con el propósito de tener control sobre estos recursos preciados.

Desde principios del siglo XX, los kurdos sueñan con el reconocimiento de Kurdistán como una nación propia. Sin embargo, el conflicto, lejos de terminar, se ha ido complicando. Recientemente Turquía lanzó una operación militar en el noreste de Siria con el objetivo de crear una zona segura libre de combatientes kurdos. Los críticos temen que la ofensiva conduzca a una limpieza étnica de la población kurda que habita en esa zona y posibilite el resurgimiento de la lucha independentista. Se estima que más de 40,000 personas han muerto y cientos de miles han sido desplazadas como víctimas de la lucha armada. Una vez más el mundo le vuelve a dar la espalda al pueblo kurdo quien sigue siendo víctima de la represión y un conflicto armado que parece no tener fin.

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Alessia Ramponi © 2020