REPRESIÓN DE LA ETNIA UIGUR

China es uno de los países cuya influencia política y económica ha incrementado considerablemente en los últimos años. Debido a su gran territorio, la división política y administrativa ha sido crucial para mantener unido a este país y configurar su presente. Es imposible pensar a China como un todo y un país homogéneo ya que cada región cuenta con características culturales, políticas, sociales y económicas únicas. Esto tiene una gran importancia cultural y social porque la gente de china se siente muy identificada con su provincia de origen. Por ende, es importante entender un poco acerca de su división territorial para entender estas diferencias clave que últimamente se han vuelto prioridad para el gobierno central al elaborar su política tanto interna como exterior.

En general, el país se divide en 22 provincias y cinco regiones autónomas. Estas regiones autónomas se caracterizan por las minorías étnicas que viven ahí. Culturalmente, las provincias son muy diferentes entre sí debido a la cantidad de habitantes y las distancias entre ellas. Dadas las presiones internas de estos grupos, cada unidad tiene diferentes grados de libertad para adaptar sus leyes de acuerdo a sus necesidades. Estos grupos no se sienten identificados con el 92% de la población china que pertenece a la etnia han, no hablan chino mandarín y tampoco se identifican con las costumbres nacionales. Por ende, estos grupos étnicos han representado una amenaza para la integridad y unidad interna de China.

Uno de estos grupos étnicos son los uigures que viven en la provincia autónoma de Xinjiang, al oeste de China. La etnia uigur ha poblado tradicionalmente esta extensa región, profesa mayoritariamente la religión musulmana y habla una lengua de origen túrquico. Los uigures llevan años tratando se independizarse de China, alegando que su cultura, idioma y tradiciones son totalmente diferentes. De lograr su independencia, el gobierno central teme que otras provincias y grupos étnicos sigan su ejemplo por lo que, al ser considerados una amenaza para la unidad, se han implementado una serie de políticas para reducir sus actividades religiosas, culturales y comerciales. Como consecuencia, se ha generado un creciente sentimiento de rechazo a la presencia china en la región que, a su vez, favorece la emergencia de movimientos que optan por el uso de la fuerza para lograr la independencia de la región.

En los últimos meses China implementó una política en la que se busca reeducar a los miembros de la minoría uigur. El gobierno chino legitimó centros para educar y transformar a las personas que presuntamente están influenciadas por ideas de extremismo religioso con el fin de garantizar la estabilidad y seguridad regional. A pesar de la delicada situación en la región y las pocas fuentes de información independientes, organismos internacionales han denunciado detenciones masivas y arbitrarias a las personas de esta comunidad quienes han sufrido torturas físicas y psicológicas por parte de las autoridades. Además, sus comunicaciones y actividades diarias fuera del centro son sometidas a una continua y sistemática vigilancia.

Aunque los ciudadanos chinos tienen la libertad de practicar cualquier religión, las minorías étnicas, como los uigures, están sujetas a un alto nivel de vigilancia y represión con el fin de tener un mayor control sobre estas comunidades. China tendía a considerar el problema uigur como un asunto meramente interno. Sin embargo, organismos internacionales y colectivos uigures en distintos países han provocado que las autoridades chinas se preocupen por la dimensión internacional que ha alcanzado el conflicto. Se espera que, a raíz de la presión internacional, el gobierno central tome acciones para acabar con los abusos de derechos humanos y la represión en la provincia autónoma de Xinjjiang.

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Alessia Ramponi © 2020