CRÍMENES DE ALGODÓN

La mayoría de las personas desconocemos la procedencia y modo de fabricación de los productos que utilizamos todos los días. La ropa es uno de ellos. Aproximadamente el 75% de nuestra ropa contiene algodón. Uzbekistán es uno de los mayores productores y exportadores a nivel global de este algodón. La mayor parte de este cultivo se destina a las cadenas de suministro globales y a las tiendas de ropa de marca reconocidas alrededor del mundo. Ha sido tanta la dedicación a la producción de algodón en Uzbekistán que solamente en 40 años se secó el Mar Aral, el cuarto lago más grande del mundo que era utilizado para regar los campos de algodón.

El gobierno uzbeko ha visto en el algodón, también conocido como el oro blanco, una fuente de financiamiento muy atractiva. Por ello, utiliza un sistema de esclavitud moderna para poder fabricar algodón a grandes escalas. Este sistema consiste en la explotación tanto laboral como infantil de un gran porcentaje de la población uzbeka al participar en la cosecha y colecta de este cultivo. En este contexto, marcas de ropa renombre son cómplices de estos abusos al beneficiarse económicamente de esta situación. Firmas como Zara se niegan a dejar de consumir algodón uzbeko pese a conocer las condiciones laborales en los campos de algodón.

Hasta la fecha, durante la época de colecta del algodón, miles de ciudadanos uzbekos son obligados a dejar sus trabajos regulares para trabajar en los campos. Estas personas sufren graves complicaciones de salud y se enfrentan a situaciones laborales de alto riesgo. Si se niegan, se arriesgan a perder sus trabajos o a ser amenazados por parte de agentes del gobierno. De igual manera, cada año, cientos de niños son sacados de la escuela y son separados de sus familias con el fin de que colecten el cultivo. Por su parte, los agricultores son obligados a producir algodón y cubrir ciertas cuotas anuales. De no cubrir estas cuotas, se enfrentan a penalidades económicas e incluso pueden perder sus tierras.

Organizaciones internacionales han denunciado este grave problema. Como consecuencia, se ha presionado económicamente a Uzbekistán para que implemente medidas para acabar con estos abusos. Bajo la presión internacional, la cantidad de niños trabajando en los campos ha bajado considerablemente, pero no se ha eliminado por completo. El caso del algodón uzbeko refleja la importancia de generar conciencia y conocer un poco más acerca de la procedencia de los productos que utilizamos. El consumo responsable es beneficioso para nuestro entorno y es un primer paso para mitigar la realidad de cientos de familias que trabajan forzosamente sin una retribución justa y bajo condiciones de trabajo no adecuadas.

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Alessia Ramponi © 2020