CENSURA EN MÉXICO

La libertad de prensa es un elemento central del derecho más amplio a la libertad de expresión. La prensa tiene un papel central al informar sobre los temas relevantes para el desarrollo y la democracia de cualquier país. Este derecho va más allá de informar y se ha convertido en un criterio legítimo para evaluar la transparencia y los valores democráticos de un país. Ninguna democracia está completa sin  acceso a información transparente y fidedigna. Además, la libertad de prensa es el pilar clave  para crear instituciones justas e imparciales y hacer que las autoridades rindan cuentas. Esta libertad contribuye a la diversidad de opiniones lo cual genera nuevas propuestas para enfrentar los desafíos diarios de la sociedad. A pesar de ser un derecho fundamental, en México la libertad de prensa atraviesa un momento crítico ya que su restricción y la violencia contra periodistas van en aumento.

Los periodistas en México son víctimas del crimen organizado, de funcionarios corruptos en el gobierno y de un sistema judicial incapaz de investigar, perseguir, aprehender y juzgar criminales. La raíz del conflicto se encuentra en la voluntad política, el clima de corrupción e impunidad, así como la ausencia de investigaciones completas que lleven a culpables comprobados. Quienes cometen estos actos e intimidad a los periodistas saben que jamás serán investigados, buscados ni encontrados. La falta de rendición de cuentas perpetúa la impunidad. Los periodistas en nuestro país son agredidos, intimidados y acosados. Esta situación viola sus derechos humanos y obstaculiza la debida realización de su trabajo.

Como argumenta la politóloga Denise Dresser, el principal perpetrador contra la prensa son las autoridades, ya sea el gobernador o el presidente municipal o el senador o el diputado o las policías. Agreden desde el poder aunque se argumente que la violencia perpetrada proviene del crimen organizado. Las autoridades en vez de proteger a los periodistas, se vuelven agresores. Como consecuencia, el Estado se convierte en el peor enemigo de la prensa, en lugar de asegurar un entorno donde opere libremente. En el país prevalece el desinterés y la impunidad.

El aumento de las amenazas y las muertes de periodistas son alarmantes. En lo que va del año han sido asesinados ocho periodistas en el país. En México se agrede a un periodista cada 26.5 horas y 50% de esas agresiones son llevadas a cabo por un servidor público. El 89% de las resoluciones de crímenes perpetrados contra periodistas jamás han sido resueltos. Por otro lado, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) dio a conocer la clasificación mundial de la Libertad de Prensa 2019 en la que México es considerado como el territorio más peligroso de América Latina para la prensa. Asimismo, es uno de los cinco países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo.

Las cifras y denuncias constantes por parte organismos internacionales no han sido suficientes para mitigar esta situación. En México normalizamos la violencia contra quienes hacen su trabajo y buscan desde sus trincheras cambiar el rumbo del país y dar a conocer la verdad. Como consecuencia, el gobierno federal creó el Mecanismo de Protección para Defensores de Derechos Humanos y Periodistas el cual tiene la misión de proteger a personas defensoras de derechos humanos y periodistas que sufren agresiones con motivo de su labor. Sin embargo, este mecanismo no tiene los recursos suficientes y presentó diversas fallas ya que no contaba con medidas preventivas adecuadas. De la misma manera, la Fiscalía Especializada Contra Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión no cuenta con las capacidades de investigación necesarias.

El ejercicio de la libertad de prensa en México va en declive. Cada vez son más los periodistas silenciados en nuestro país. Lamentablemente, el gobierno mexicano no ha sido capaz de garantizar las condiciones adecuadas para ejercer el derecho a la libertad de prensa. El gobierno debe respetar su compromiso desarrollar iniciativas en favor de la libertad de prensa para que los periodistas puedan ejercer su trabajo con dignidad y libertad. Es necesario intensificar la cooperación estatal y federal dando atención puntual a aquellos estados con mayor situación de riesgo. Este tema va a requerir un seguimiento permanente ya que la libertad de prensa es un elemento esencial de la democracia y es un vínculo entre las comunidades y sus gobiernos. No nos queda más que reflexionar acerca de los principios fundamentales de este derecho, defender los medios de comunicación y rendir homenaje a los periodistas que han perdido sus vidas en el desempeño de su labor.

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Alessia Ramponi © 2020